Sobre nosotros

Desde

1984

Historia, Arte y Vino

 La Inglesa nace en la Sierra de Montilla a finales del siglo XIX, en un enclave único donde historia, paisaje y vino se funden con naturalidad. Lo que comenzó como una antigua hacienda vitivinícola es hoy un proyecto familiar que respeta la esencia del pasado, manteniendo vivas las soleras más antiguas de Moriles Alto y un profundo compromiso con la tradición.

 Nuestros vinos son reflejo de su origen: viñedos situados en las albarizas de Moriles Alto, donde la variedad Pedro Ximénez alcanza su máxima expresión. Desde los lagares históricos hasta nuestras crianzas biológicas y oxidativas, cada paso está guiado por el conocimiento, la paciencia y el cuidado artesano que definen a La Inglesa.

En La Inglesa elaboramos vinos únicos, que nacen del tiempo y del carácter de su entorno. Fino en rama, amontillado, palo cortado o Pedro Ximénez: cada botella expresa una historia, una bota y una crianza irrepetible. Más que vinos, son memoria líquida de una tierra que no se olvida de lo que fue, y sigue siendo.

Orígenes: Siglo XIX

A finales del siglo XIX, en lo alto de la Sierra de Montilla, nace una hacienda vitivinícola que más tarde sería conocida como La Inglesa. Su nombre rinde homenaje a Luisa Rebeca de Ward, una dama inglesa cuya figura quedó ligada a la finca, dejando tras de sí un halo de historia y misterio que aún hoy perdura en el alma del lugar.

En aquella época, la Sierra de Montilla ofrecía un enclave privilegiado para el cultivo de la vid, gracias a su altitud y clima singular. La construcción de esta hacienda respondió tanto a la necesidad de elaborar vino en origen como a la visión de preservar una arquitectura ligada al campo andaluz y al trabajo tradicional del lagar.

Ese legado arquitectónico y cultural, forjado entre muros de piedra y botas de vino, es el que ha llegado hasta nuestros días, manteniéndose vivo gracias al respeto por sus raíces y al profundo vínculo con la tierra de Montilla-Moriles.

Don Antonio Doblas Alcalá (1928–2015)

En 1.967 Don Antonio Doblas Alcalá, nacido en Moriles; gran viticultor, amante y conservador de los vinos viejos de Moriles Alto, adquiere la Hacienda Lagar denominada de la Concepción, o Inglesa, antes de Riofrio, empezando a explotar el viñedo, lagar y bodega de fermentación.

Fundación de La Inglesa, S.A. (1984)

En 1.984 se constituye una sociedad familiar denominada La Inglesa, S. A., que continua con la misma perseverancia en la conservación del patrimonio, transformando el antiguo lagar y bodega de fermentación en bodega de crianza.

Para ello se traslada de la Bodega de Moriles a La Inglesa, una partida de las mejores botas de roble americano y sus correspondientes vinos:

  • El genuino fino Tres Gritos.
  • El amontillado viejo solera 1.886, procedente del Lagar de la Higueruela, de Don Antonio Vitorica y Casuso, I Conde de los Moriles.
  • Los vinos viejos procedentes de las antiguas bodegas de los lagares de Las Manillas, Los Toledanos, El Bombo y Quinas, una solera única y más antigua de Moriles Alto.
  • El Pedro Ximénez Vendimia 1.973, último vino de pasera elaborado en Moriles, por Don Francisco Doblas Alcalá (1.932-1.976).

Presente

Hoy, La Inglesa sigue latiendo con la misma autenticidad con la que nació, pero con una visión renovada. Los vinos que un día fueron trasladados desde Moriles —como el Fino Tres Gritos, el Amontillado solera 1886 o el Pedro Ximénez de 1973— continúan su evolución en crianza biológica y oxidativa, ahora en condiciones privilegiadas gracias a la altitud de la Sierra de Montilla.

El microclima único de la sierra, más fresco y elevado que el de Moriles Alto, imprime carácter a cada vino, acentuando sus matices y dándoles una longevidad excepcional. Esta altitud no solo afecta al desarrollo del velo de flor en los finos, sino que también influye en la expresión aromática, la tensión en boca y la elegancia final de cada botella.

La bodega ha sido adaptada para albergar crianzas prolongadas sin perder el alma del antiguo lagar, conservando su arquitectura y espíritu original. La familia Doblas mantiene viva la filosofía de custodiar el vino como si fuera memoria líquida: sin prisas, sin artificios y con un profundo respeto por lo heredado. En La Inglesa, el pasado no es historia: es presente que se bebe.